En Punto Fijo la prueba no es una conclusión cerrada, sino una trazabilidad: qué se registró en cada toma, qué se conservó del archivo y qué se puede afirmar con dos imágenes del mismo punto separadas por años.
Dudas concretas sobre cómo registrar, conservar y leer dos tomas del mismo punto sin forzar conclusiones que la foto no sostiene.
Punto exacto de la cámara, altura, fecha, hora y condiciones de luz. Si falta cualquiera de esos datos, la segunda visita se vuelve una foto nueva y no una comparación. La ficha también conviene anotar el equipo y la distancia focal, porque un cambio de lente desplaza el encuadre y simula transformaciones que no existieron.
Depende de lo que se quiera leer. Un cartel puede cambiar en meses; una vereda o un árbol de vereda necesitan varios años para mostrar una diferencia clara. Lo importante no es el intervalo exacto, sino repetir el mismo encuadre y dejar registrado cuándo se hizo cada toma.
Comparando primero lo estructural y después lo efímero. Si el muro, las aberturas y las cornisas coinciden, cualquier variación en toldos, sombras o vegetación se lee como estacional. Cuando la luz es muy distinta entre tomas, conviene señalarlo en la ficha y no afirmar nada sobre el color o el estado de la superficie.
Se puede afirmar lo visible: que un árbol creció, que una sombra cambió de dirección, que un cartel fue reemplazado, que una vereda se modificó. No se puede afirmar la causa, ni el año exacto del cambio, ni quién lo hizo. La comparación ordena rastros; no cierra conclusiones.
En un archivo propio, con las tomas originales sin recortar y las fichas en un mismo formato. El archivo del proyecto reúne comparaciones ya documentadas como referencia de método, y las guías explican cómo armar una ficha desde cero. Si querés ver cómo se ordena una serie completa, podés revisar los recursos del proyecto o escribirnos desde la página de contacto.